“El budo no es solo entrenamiento físico, es una puerta profunda para comprender la cultura japonesa.”
En la actualidad, gran parte de las artes marciales se presentan principalmente como espectáculos deportivos, donde reglas estrictas limitan los golpes y movimientos para proteger a los competidores. En deportes olímpicos como el judo, por ejemplo, solo se permite bloquear una articulación específica y en esgrima no se puede atacar la parte posterior de la cabeza. Sin embargo, al observar estas competencias orientadas a la competición, se olvida que en su origen, estas técnicas nacieron para incapacitar o incluso eliminar al adversario.
Si echamos la vista atrás, veremos que el mundo cuenta con varias artes marciales tradicionales: el kalaripayattu indio, el kung fu chino o el bokator camboyano, entre otros. Japón, por su parte, conserva numerosos estilos clásicos que aún hoy practican enseñanzas centenarias, agrupados bajo el nombre de kobudo, que significa literalmente «antiguo camino marcial» y remite a las técnicas anteriores a la Restauración Meiji en 1868.
El pasado 1 de febrero, Global Voices fue testigo de la 49ª demostración japonesa de kobudo en el emblemático Nippon Budokan, uno de los eventos más importantes dedicados a las artes marciales en Japón. En esta cita, expertos de distintas escuelas explicaron la esencia verdadera de esta disciplina y cómo mantienen vivos sus valores tradicionales en un contexto moderno.
Eficacia en el combate sin límites
Kyoichi Inoue Sensei, soke (maestro principal) de Hontai Yoshin-ryu —fundada en 1660— resaltó que, a diferencia de otras artes marciales modernas, en el kobudo no existen reglas acerca de las zonas donde golpear. Proveniente de una amplia experiencia en judo y kendo, Inoue explicó:
«El kobudo apunta a zonas letales de todo el cuerpo. Las artes marciales contemporáneas se desarrollaron como deportes con normas, por eso el kobudo ha cambiado en muchos aspectos. Si se busca matar al adversario, no tiene sentido atacar las partes cubiertas por hueso o armaduras, sino las arterias y zonas vulnerables sin protección.»
Durante la demostración de Hontai Yoshin-ryu, se exhibieron técnicas tanto desarmadas como con armas tradicionales. La esencia del kobudo radica en rechazar la estandarización, privilegiar la eficiencia y conservar la flexibilidad para adaptarse a cualquier situación. Esto explica también que solo existan exhibiciones y no competiciones de combate real, ya que su práctica resulta demasiado peligrosa para un entorno deportivo.
El camino marcial y el espíritu del bushido
Aunque la peligrosidad intrínseca del kobudo podría hacer pensar en una práctica centrada en la violencia, en realidad está profundamente arraigada en valores que superan la brutalidad. La escuela Shojitsuken Rikata Ichi-ryu Katchu Battojutsu, fundada a finales del período Sengoku (siglos XV y XVI), es un claro ejemplo. Sus discípulos entrenan con auténticas armaduras y largas espadas de estilo Sengoku, manteniendo vivo el ethos del bushido, el código moral de los guerreros japoneses que convierte esta arte letal en una práctica de honor y cortesía.
Durante el evento en el Nippon Budokan se mostró el movimiento final llamado todome-wo-sasu (la entrega del golpe definitivo), que refleja la filosofía japonesa sobre la muerte en batalla, donde la deshonra era peor que la muerte misma. Masaru Kanzaki Sensei, representante de esta escuela, explicó:
«Buscamos itto ryodan, partir al adversario en dos con un solo corte, y siempre se nos enseña a dar el golpe final. Esto se relaciona profundamente con el bushido. El guerrero respeta el honor del enemigo: en vez de dejarlo sufrir retorciéndose tras ser herido, acaba con su sufrimiento rápidamente. Esta idea es similar al «kaishaku», el acto de asistencia en el seppuku, para permitir una muerte con dignidad.»
Si bien esta ética podría parecer parecida al concepto occidental de coup de grâce, la diferencia fundamental radica en que en Japón la muerte digna es una expresión estética y espiritual muy valorada, sobre todo en los samuráis. Morir sin perder la compostura, sin agonías visibles, era preservar el alma disciplinada que el guerrero había forjado durante toda su vida. Este ideal se refleja en las flores de cerezo, símbolo de belleza y efímera perfección.
Manteniendo viva la tradición en la era actual
Actualmente, 75 escuelas están afiliadas a la Nihon Kobudo Association. Cada año, aproximadamente la mitad de ellas participan por turnos en demostraciones públicas. En la edición de 2026, 36 escuelas participaron. Haruhiko Hata, jefe de promoción del Nippon Budokan, destacó que este recinto es el epicentro para que las escuelas muestren el fruto de años de entrenamiento y contribuyan a preservar estas tradiciones.
Una de las dificultades que enfrentan hoy las escuelas de kobudo es atraer a jóvenes interesados en estudiar y practicar este arte y su filosofía ancestral.
Por ejemplo, la escuela Yoshin-ryu Naginatajutsu, dirigida en los últimos años por una cadena de maestras, ha flexibilizado algunas de sus costumbres para atraer a las nuevas generaciones. Takako Koyama, soke de esta escuela, comentó:
«En este torneo hubo un debate sobre si los practicantes debían teñirse el pelo o no. Pero vivimos en un mundo globalizado, y creo que tanto japoneses como extranjeros deben poder expresarse con naturalidad. Les dije a mis alumnos que se maquillaran un poco más para las fotos.»
Fundada hace alrededor de 400 años para enseñar defensa personal a damas de la corte, Yoshin-ryu sigue la tradición del «corazón del sauce», que enfatiza movimientos fluidos y ocultación de intenciones. Su indumentaria característica, el furisode (kimono de mangas largas), no solo es ceremonial, sino que aporta ventajas tácticas al combate.
Varias escuelas también cuentan con practicantes internacionales. Por ejemplo, Hontai Yoshin-ryu tiene delegaciones en ocho países. En la demostración nipona participaron Frederic Roncioni y Sami Mechmech, maestros belgas que hacen parte activa de esta tradición.
Frederic, líder de la rama belga, comenzó su formación hace más de cuatro décadas y desde entonces ha viajado regularmente a Japón para profundizar su aprendizaje. Nos compartió una reflexión esencial:
«Para entender verdaderamente el budo japonés, es imprescindible conocer la cultura japonesa en su conjunto, no solo las técnicas de combate. El budo es un portal profundo para comprender la cultura japonesa en toda su dimensión.»
Así, el kobudo continúa una trayectoria milenaria, caminando hacia el futuro no perdiendo sus raíces, sino adaptándose con prudencia a la cultura contemporánea japonesa, manteniendo viva una herencia de honor, eficacia y profundo respeto.