En plena efervescencia de una nueva generación musical en Kazajistán, marcada por artistas que abordan temas sociales y incluso protestas sangrientas como las de enero de 2022 conocidas como «Qandy Qantar» (Enero Sangriento), el gobierno ha decidido implementar una serie de restricciones que preocupan a la comunidad artística local e internacional.
En los últimos años, Kazajistán ha visto un auge en su escena musical, impulsado por voces innovadoras como la cantante Yenlik, la primera artista kazaja en formar parte de la plataforma alemana COLORS, que promueve talentos emergentes. Este crecimiento ha traspasado fronteras, posicionando al país como un hervidero creativo.
Sin embargo, este boom coincide con nuevas limitaciones legales: a partir del 20 de abril, tanto artistas nacionales como extranjeros estarán sujetos a condiciones estrictas para realizar conciertos. Los contratos para eventos deberán incluir cláusulas que regulen el contenido permitido, un movimiento que contrasta con la política oficial de apoyo a la industria creativa.
El 18 de febrero, el presidente Kassym-Jomart Tokayev aprobó reformas legales que, entre otros cambios, endurecen las condiciones para organizar eventos masivos. En particular, el artículo 9-1 de la Ley de Cultura prohíbe cualquier contenido que se considere contrario a las normas sociales, morales y éticas aceptadas, una definición ambigua que deja espacio para interpretaciones subjetivas.
Además de vetar materiales relacionados con el suicidio, las drogas o la pornografía, las nuevas reglas exigen que los organizadores coordinen con las autoridades locales con un mínimo de 30 días de antelación para eventos con artistas extranjeros. El viceministro de Cultura e Información, Yegeniy Kochetov, aclaró que se persigue disuadir a los artistas de interpretar canciones contenidas en estos temas, advirtiendo que eventos podrían ser cancelados si se incumplen estas normas.
Para el sector musical, esta regulación supone un fuerte golpe a la libertad creativa. Aizatulla Hussein, fundador de la compañía mediática Ozen, apuntó que el auge reciente se debe a un entorno «sin demasiadas restricciones», y que la incorporación de una supervisión más rígida podría distanciar al gobierno de la cultura juvenil, especialmente dado el delicado equilibrio entre licencia artística y «propaganda» que se intenta establecer.
Hussein considera razonable aplicar ciertos límites en medios de acceso público como radio y televisión, pero cuestiona la intervención estatal en conciertos y eventos en vivo, que afectan no solo a los artistas sino también al derecho de la audiencia a elegir libremente qué contenidos consumir.
El grupo de hip-hop Daiynball, reconocido por su tema «Qazaq eline +1″ que hace referencia a «Qandy Qantar», teme que sus composiciones puedan ser calificadas como propaganda inmoral bajo estas normativas, generando una autocensura que afectaría a toda la escena musical. A pesar de ello, prometen continuar creando sin adaptar su mensaje a las nuevas restricciones, defendiendo que la creatividad pierde sentido si debe someterse a tales filtros.
Por su parte, el director de conciertos Yerkin Yerali y el mánager del rapero kazajo Shiza, George Karakeshishyan, reconocen que estas medidas obligan a los artistas a gestionar con mayor cautela los contenidos y a entender mejor el marco legal vigente. En caso de incumplimiento, los textos serán revisados y podrían eliminarse o modificarse para evitar problemas.
Ambos destacan que, aunque el arte suele reflejar la realidad de forma provocadora, es necesario hallar un equilibrio justo y transparente entre libertad creativa y cumplimiento de la ley para que la escena pueda evolucionar sin perder autenticidad ni profundidad.
Paralelamente, las nuevas disposiciones afectan también a la industria cinematográfica, donde la censura ya se había incrementado. Ahora, los procesos de autorización para la distribución de películas incluyen una revisión previa cuya duración se extiende de una semana a un máximo de 30 días laborales. Las leyes contra la llamada «propaganda LGBT» han agravado aún más las restricciones sobre la libertad artística en este ámbito.
Ante estas circunstancias, artistas y productores advierten que una represión excesiva podría forzar a los talentos kazajos a buscar oportunidades en el extranjero, debilitando el emergente sector creativo nacional y limitando las expresiones culturales que colocan a Kazajistán en el mapa global.
La compañía First Media Group, organizadora en el pasado de conciertos de figuras internacionales como 50 Cent o Nicole Scherzinger, asegura que los eventos con artistas foráneos ya se coordinan con autoridades, por lo que los cambios legislativos no alterarán sustancialmente sus operaciones.
En resumen, mientras la industria creativa kazaja florece y gana reconocimiento internacional, las nuevas regulaciones gubernamentales representan un freno preocupante que pone en riesgo la libertad de expresión y la prosperidad cultural del país.