«Sí, nacimos siendo niñas, pero no somos criminales», declara Asma con firmeza, una joven afgana que ha vivido de primera mano la dramática crisis que enfrenta la educación femenina en Afganistán desde la llegada del régimen talibán en agosto de 2021.
Bajo el régimen fundamentalista que recuerda a la distopía narrada en «El cuento de la criada» de Margaret Atwood, millones de mujeres y niñas han sido despojadas de sus derechos sociales, económicos y humanos más elementales. Desde entonces, el acceso a la educación para las niñas ha sido prohibido, con las consecuencias devastadoras que ello conlleva.
Asma tenía 16 años y cursaba 2.º de Bachillerato cuando el entonces presidente Ashraf Ghani huyó del país, y los talibanes tomaron Kabul. Para esta joven con grandes expectativas, aquella noticia fue el comienzo de una pesadilla que no ha cesado. En un primer momento, las autoridades permitieron que las alumnas realizaran sus exámenes. Sin embargo, la esperanza de volver a las clases pronto se desvaneció: las escuelas se cerraron y los portones del saber quedaron sellados.
Con el tiempo, Asma se acostumbró a permanecer a las puertas de su antigua escuela, tratando de ver a sus compañeros y profesores, sin poder entrar. Ese anhelo cotidiano se convirtió en un profundo dolor, una pregunta constante: ¿por qué nuestro único “delito” es ser mujeres? Sin respuestas, la desesperanza crecía en el corazón de miles de adolescentes que se veían negadas oportunidades que otras jóvenes en el mundo tienen garantizadas, como ir a la universidad, visitar una biblioteca o simplemente caminar sin temor.
Pero Asma no se dejó consumir por la oscuridad. Apoyada por su familia, decidió buscar vías alternativas para seguir aprendiendo. Se unió a un centro clandestino de enseñanza de inglés en Herat, donde valientes profesores impartían clandestinamente clases a jóvenes como ella. Después de un año de esfuerzo, logró alcanzar un nivel avanzado y, como reconocimiento, pudo enseñar inglés a chicas de su edad y menores.
El estudio no terminó ahí. En su hogar continuó ampliando sus conocimientos, sumergiéndose en una amplia variedad de lecturas que iban desde la literatura oriental y occidental hasta libros de psicología, historia y espiritualidad. Obras como “El sexo inútil” de Oriana Fallaci, «El cuento de la criada», textos de Rumi o la historia mundial de Ernest Gombrich fueron sus maestros silenciosos. Estas lecturas le permitieron comprender que la opresión que vive Afganistán tiene precedentes históricos, pero también que hay esperanza en la educación y el conocimiento.
Asma encontró una luz en la educación en línea. Descubrió la University of the People, una universidad estadounidense que ofrece estudios en modalidad virtual. Tras superar los requisitos de admisión, fue aceptada en el programa de Administración de Empresas, con planes de comenzar en abril. Siente una mezcla de emoción y tristeza al ver que muchas otras chicas siguen sin esa oportunidad.
El apoyo familiar ha sido fundamental en su camino. Sus padres siempre les han insistido a ella y a sus hermanas: «Primero estudien, sean independientes y luego planifiquen su futuro». Sin ese respaldo, Asma probablemente sería una joven silenciosa y olvidada, pero ahora sueña con terminar no solo la carrera, sino también un máster e incluso un doctorado.
Al mirar hacia atrás, reconoce que ha cambiado, ha madurado y se ha fortalecido más allá de sus años. Está decidida a construir un futuro brillante y avanzar con más fuerza que nunca hacia sus objetivos y sueños.