Los espectáculos de medio tiempo en el Super Bowl suelen ser auténticas producciones visuales y musicales, pero en la edición LX, el artista puertorriqueño Bad Bunny logró algo más que entretenimiento: convirtió la frágil red eléctrica de Puerto Rico en el protagonista de un mensaje global.
Mientras interpretaba «El Apagón», bailarines vestidos como linieros subían a los postes eléctricos mientras chisporroteaban luces simulando líneas de energía. Para millones de espectadores fue una escena impactante, pero para los puertorriqueños fue un reflejo de su día a día: un sistema eléctrico deteriorado, lleno de apagones y vulnerabilidades que han marcado la vida en la isla durante años.
Diana Hernández, profesora y codirectora del Energy Opportunity Lab en la Universidad de Columbia, destacó que, para quienes podrían haber olvidado esta realidad, ver a Bad Bunny trepando postes eléctricos dio voz y visibilidad a la experiencia directa y literal de quedarse sin energía en Puerto Rico.
Sin mencionar temas como el cambio climático, el espectáculo logró comunicar de forma urgente y comprensible una problemática energética que afecta tanto a nivel local como internacional. El simbolismo fue claro: desde los campos de caña hasta las líneas eléctricas rotas, todo apuntaba a mostrar la lucha y orgullo puertorriqueño frente a las dificultades del sistema.
Un sistema eléctrico al borde del colapso
Desde el paso devastador del huracán María en 2017, que arrasó con gran parte de la red energética y provocó el apagón más largo en la historia moderna de Estados Unidos, el sistema eléctrico de Puerto Rico ha estado en crisis constante. Algunas comunidades permanecieron sin luz durante casi un año. Nueve años después, los cortes de energía siguen siendo parte de la rutina en la isla.
Según datos federales entre 2021 y 2024, los puertorriqueños han enfrentado alrededor de 27 horas anuales de interrupciones en el suministro eléctrico, sin contar los efectos de tormentas mayores, cifras muy superiores a la media continental. Sólo en 2024, el promedio de horas sin luz superó las 70, incluyendo apagones causados por fenómenos climáticos.
Además, los precios de la electricidad en Puerto Rico están entre los más elevados de Estados Unidos, llegando a oscilar entre 0,24 y 0,49 dólares por kilovatio-hora, muy por encima de la media nacional. Estos datos reflejan décadas de infraestructuras envejecidas, falta de inversión y exposición a riesgos climáticos crecientes, pero lo que realmente vive la gente es mucho más tangible: alimentos que se echan a perder, máquinas de diálisis detenidas, comercios cerrados y niños que deben hacer sus deberes a la luz de linternas.
Un sistema centralizado y vulnerable
Gran parte de la generación eléctrica en Puerto Rico depende de plantas centralizadas que funcionan con combustibles fósiles y que se encuentran en el sur de la isla. La electricidad debe recorrer grandes distancias atravesando terrenos montañosos para llegar a las principales zonas pobladas en el norte. Estas líneas de transmisión son especialmente vulnerables a huracanes, deslaves y otros eventos climáticos extremos.
El informe sobre infraestructura publicado en 2019 por la American Society of Civil Engineers calificó con una F el sistema energético puertorriqueño, señalando equipos deteriorados, falta de sistemas de respaldo y escasa planificación para la resiliencia. Como apunta el experto Cecilio Ortiz García, la red que encontró el huracán María ya estaba al borde del colapso.
El cambio climático ha exacerbado esta situación. Temperaturas oceánicas más cálidas propician tormentas más intensas y fenómenos recientes como el huracán Fiona en 2022 volvieron a dejar a numerosas comunidades sin electricidad durante largos períodos.
Desafíos e intentos de modernización
En 2021, la gestión de la red de distribución y transmisión se delegó a LUMA Energy, un consorcio estadounidense-canadiense que busca modernizar el sistema. Sin embargo, este proceso de privatización ha generado gran controversia. Los residentes han protestado por la persistencia de apagones frecuentes y el aumento de las facturas, mientras que los defensores argumentan que la mejora de una red tan deteriorada requiere tiempo y recursos continuos.
El endeudamiento millonario de la empresa pública PREPA y la fluctuación en la ayuda federal complican aún más la renovación del sistema. En 2023, el Departamento de Energía de Estados Unidos lanzó un fondo de mil millones de dólares para fomentar la energía solar en hogares vulnerables, aunque algunos informes señalaron retrasos o redireccionamientos en estos fondos.
El auge de las energías renovables comunitarias
A pesar de las dificultades, la transición hacia fuentes renovables está en marcha. Para mediados de 2025, Puerto Rico había instalado más de un gigavatio de capacidad solar en tejados, cubriendo una parte creciente de la demanda eléctrica.
Iniciativas comunitarias también están floreciendo. En la localidad montañosa de Adjuntas, la organización Casa Pueblo ha desarrollado microrredes solares que permiten a barrios y negocios operar incluso cuando la red principal falla. Un comerciante local resumió el impacto: “Ahora tengo estabilidad, no me quedo sin energía y puedo seguir brindando servicio”.
Ingenieros promueven cada vez más el enfoque de una “red de abajo hacia arriba”, basada en sistemas distribuidos que conectan hogares y vecindarios para formar redes resilientes. En regiones insulares expuestas a fenómenos meteorológicos extremos, estas microinfraestructuras suponen una doble ventaja: descarbonización y seguridad energética.
El poder de la cultura popular para comunicar el cambio climático
Lo que hizo único el espectáculo de Bad Bunny es su capacidad para comunicar una problemática compleja mediante la cultura y el arte. Habitualmente, la comunicación sobre el cambio climático se basa en datos, debates políticos o predicciones abstractas, mensajes que pueden parecer distantes para el público.
Al centrar en escena a los linieros, trabajadores esenciales pero poco visibles, Bad Bunny convirtió en protagonistas a los sistemas que mantienen funcionando a la sociedad y mostró las consecuencias cuando estos fallan. Los postes eléctricos se volvieron símbolos y la oscuridad, letra.
Como señala Hernández, este momento fue “una ascensión al poder a pesar de todas las dificultades y, en muchos sentidos, contra todo pronóstico”. Millones de espectadores vislumbraron la realidad física y fragilidad de la infraestructura diariamente invisible.
Aun con debates abiertos sobre la privatización, el uso de combustibles fósiles y el despliegue renovable, el espectáculo mostró algo inesperado: la infraestructura puede captar la atención cultural y convertirse en un eje de conversación global. La crisis del sistema eléctrico en Puerto Rico no es un caso aislado; el mundo entero enfrenta presiones similares por el cambio climático, infraestructuras obsoletas y nuevas demandas energéticas. Pero pocas veces una red eléctrica ha tenido un momento estelar en un evento mundial como el Super Bowl.
Bad Bunny no dio una conferencia sobre política o cambio climático; mostró la vulnerabilidad humana ante la falta de energía, y a veces, esa es la comunicación más poderosa que existe.