La operación militar ‘Furia Épica’ lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, en las primeras horas del 28 de febrero de 2026, dejó un saldo devastador de cientos de muertos, incluyendo líderes del régimen iraní, así como mujeres y niños.
A pesar de que este ataque tuvo lugar a más de 13.000 kilómetros de Ecuador, la capital, Quito, fue escenario de una violencia inesperada. Un grupo de seguidores de los gobiernos israelí y estadounidense llevó a cabo un asalto al Centro Cultural y de Cooperación Ecuatoriano-Iraní en el norte de la ciudad, utilizando bastones y gas pimienta mientras proferían insultos y amenazas.
Imágenes que se volvieron virales en redes sociales muestran cómo esta turba llegó en caravana alrededor de las 19:30, armada con palos y gritos intimidatorios. Los atacantes dañaron bienes, sembraron el pánico entre las personas presentes y causaron heridas a dos individuos, entre ellos mujeres, niños y adultos mayores que se encontraban en plena oración durante el Ramadán.
En una rueda de prensa realizada el 3 de marzo, Jhadiya Núñez, miembro de la junta directiva del centro, relató con nerviosismo cómo vivió esos momentos de violencia y temor. Agradeció además el apoyo y la solidaridad expresados en redes sociales por organizaciones sociales, ciudadanos y medios de comunicación ecuatorianos.
Tras el violento asalto, los agresores arrojaron la bandera del Estado de Israel dentro del recinto cultural como un mensaje simbólico, evidenciando que la guerra trasciende fronteras y distancias. Este ataque no fue un hecho aislado, sino un acto de odio facilitado por la cercanía, en el que la imposibilidad de enfrentar la violencia directamente en territorio iraní derivó en su manifestación en el lado opuesto del mundo.
Este incidente demuestra que en el siglo XXI los conflictos armados carecen de líneas de frente claras. Las disputas pueden estallar en cualquier lugar donde quienes ostentan el poder decidan que alguien es enemigo por su fe, etnia o procedencia.
Las relaciones de Ecuador con Israel y Estados Unidos
La política exterior ecuatoriana ha evidenciado un compromiso más allá de las declaraciones oficiales. En febrero de 2026, el Ministerio de Relaciones Exteriores anunció una agenda para fortalecer los vínculos con Israel. Posteriormente, el ministro israelí Gideon Sa’ar realizó una visita oficial y, en un encuentro bilateral con el presidente Daniel Noboa, se firmó un acuerdo marco para iniciar negociaciones sobre un futuro tratado comercial y un convenio de cooperación en seguridad entre ambos países.
Al mismo tiempo, la relación del presidente Noboa con el gobierno de Estados Unidos se reforzó con su participación en la Cumbre Escudo de las Américas, celebrada en Miami el 7 de marzo, convocada por el expresidente Donald Trump. La Cancillería ecuatoriana definió este encuentro como una reunión de naciones aliadas que comparten principios y enfrentan amenazas comunes en la región.
En medio de la escalada de tensiones derivada de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, la Cancillería emitió un comunicado manifestando su preocupación por la situación de seguridad en Medio Oriente, condenando las represalias iraníes contra otros países y recomendando a los ecuatorianos evitar viajar a esa zona, además de reafirmar su compromiso contra el terrorismo.
Sin embargo, cuando un conflicto externo termina irrumpiendo con violencia en un centro cultural en Quito, el problema trasciende lo geopolítico y se convierte en una cuestión de respeto al Estado de derecho y la convivencia democrática. La política exterior basada en alianzas no debe justificar, en ninguna circunstancia, la tolerancia social a actos de hostigamiento por motivos religiosos, étnicos o identitarios que ponen en riesgo vidas civiles y fracturan la sociedad.