La guerra en Irán continúa escalando tras la ofensiva sorpresa lanzada por Estados Unidos e Israel a finales de febrero, generando reacciones diplomáticas y militares que involucran a múltiples actores internacionales. En este contexto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha pedido al resto del mundo sumarse a la lucha contra Irán, buscando una respuesta global coordinada para hacer frente a la amenaza que representan las fuerzas iraníes y sus aliados, como Hezbolá.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, anunció recientemente el inicio de una operación para destruir infraestructuras clave en el sur del Líbano, utilizadas por Hezbolá para transportar armamento, emulando acciones similares realizadas en conflictos anteriores. La tensión en la región es palpable, con ataques con misiles iraníes a ciudades israelíes como Tel Aviv y Rishon Lezion, y bombardeos contra la capital iraní, Teherán.
Las autoridades iraníes han respondido con advertencias de represalias ante cualquier ataque a sus infraestructuras estratégicas, en particular, tras el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que amenazó con atacar centrales eléctricas si no se desbloqueaba el estrecho de Ormuz, vital para el suministro energético mundial.
En un escenario cada vez más volátil, el grupo de los siete países más industrializados (G7) ha expresado su disposición a tomar todas las medidas necesarias para garantizar el suministro global de petróleo, dada la crisis causada por la dificultad de tránsito en el estrecho de Ormuz. Además, países como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí han endurecido sus posturas frente a Irán, con la expulsión de diplomáticos y denuncias de ataques constantes contra su territorio.
En respuesta al impacto económico global que está generando este conflicto, España ha aprobado un plan integral con 80 medidas y una movilización de 5.000 millones de euros para mitigar las consecuencias en el mercado interno, especialmente en el aumento de precios de combustibles y otros productos esenciales. El presidente Pedro Sánchez subrayó la necesidad de respuestas extraordinarias para situaciones excepcionales, al tiempo que destacó las tensiones políticas internas durante la elaboración del paquete.
En el plano diplomático, China y Francia han hecho un llamado conjunto para que el Consejo de Seguridad de la ONU detenga la propagación del conflicto y promueva un alto el fuego que permita avanzar en negociaciones de paz. Sin embargo, el presidente Trump sigue rechazando un alto el fuego, afirmando que Estados Unidos está arrasando con las capacidades iraníes.
El conflicto también tiene ramificaciones en el ámbito militar global. Irán lanzó misiles contra la base Diego García, utilizada por Estados Unidos y Reino Unido, y varias redes de financiación, como las vinculadas a Hezbolá, están siendo sancionadas internacionalmente. Por su parte, la Unión Europea se posiciona hacia una mayor integración y acción conjunta, aunque enfrenta desafíos para evitar la resignación a una realpolitik que podría favorecer la inestabilidad.
Con la violencia y los ataques incrementándose día a día, y con un impacto económico que comienza a sentirse en las economías domésticas, la crisis en Irán representa uno de los principales focos de tensión globales, con un llamado urgente para que la comunidad internacional actúe unido en busca de una solución que evite un conflicto mucho mayor.