La tensión en el Medio Oriente se ha elevado notablemente en las últimas 24 horas tras una serie de ataques coordinados por Irán y las milicias libanesas de Hezbolá contra Israel, que han dejado un balance de al menos un muerto y más de 300 heridos, ocho de ellos en estado grave, especialmente en el sur israelí.
La escalada bélica se desencadenó después de un ataque estadounidense en el centro de enriquecimiento de uranio en Natanz, Irán. Como represalia, Irán lanzó un ofensiva con misiles balísticos hacia las instalaciones nucleares israelíes en Dimona y la ciudad de Arad. Sin embargo, algunos impactos lograron superar los sistemas defensivos israelíes, causando daños y heridos.
El Ministerio de Salud israelí informó que algunos misiles impactaron tras fallos en la defensa antiaérea, algo inusual que está siendo investigado. En respuesta a esta situación, el primer ministro Benjamin Netanyahu calificó la jornada como «muy difícil» y garantizó apoyo gubernamental completo a las zonas afectadas, reafirmando la determinación del país para continuar atacando a sus enemigos en todos los frentes.
Además, desde las primeras horas del día se activaron múltiples alertas en Israel debido a nuevos ataques con misiles provenientes del sur y centro del país. Hezbolá confirmó que bombardeó posiciones militares cerca de la frontera con Líbano, resultando en al menos un fallecimiento.
Irán anunció el uso de un nuevo dron, el ‘Arash 2’, con mayor alcance y capacidad destructiva, diseñado para evadir radares y atacar objetivos clave, entre ellos el aeropuerto Ben Gurion. Aunque Israel no ha confirmado ataques directos con drones, esta amenaza supone un incremento en la sofisticación de la ofensiva iraní.
En respuesta a estos ataques, las fuerzas israelíes han realizado bombardeos selectivos en infraestructuras críticas iraníes, profundizando aún más el enfrentamiento. Así lo confirmó el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ante la creciente agresividad de Irán en la región.
Paralelamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una amenaza directa a Irán advirtiendo que, de no reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas, Washington procederá a atacar y destruir centrales eléctricas iraníes, lo que acentúa la amenaza de una escalada militar mayor.
El gobierno iraní ha defendido sus acciones, alegando que sus ataques se han encaminado a infraestructuras de transporte y plantas desalinizadoras, y asegurando que mantiene el suministro de combustible a nivel nacional, aunque advierte que la infraestructura energética regional se ha convertido en un objetivo legítimo ante cualquier agresión.
Una agencia iraní publicó un mapa con diversos objetivos estratégicos en la región, incluyendo instalaciones en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, resaltando un mensaje claro de represalias que podrían dejar en la oscuridad partes fundamentales del Golfo Pérsico.
Estas acciones han sido condenadas por el Consejo de Cooperación del Golfo, que advierte que los constantes ataques contra infraestructuras petroleras y eléctricas amenazan la estabilidad regional y los mercados globales.
La situación actual refleja un escenario de creciente hostilidad donde las infraestructuras energéticas y nucleares cobran especial protagonismo, aumentando el riesgo de una escalada bélica con implicaciones internacionales, mientras los países occidentales y regionales buscan contener la crisis.