Menos del 12% de africanos tienen acceso a la inteligencia artificial por la falta de infraestructuras básicas

En África subsahariana, la brecha energética y tecnológica impide que la mayoría de la población acceda realmente a la inteligencia artificial (IA). A pesar de los anuncios gubernamentales y las inversiones de grandes tecnológicas, la ausencia de electricidad fiable y conexiones sólidas limita gravemente el uso de la IA en el continente.

Mientras capitales africanas y gigantes tecnológicos anuncian estrategias nacionales de inteligencia artificial y abren centros de innovación, millones de hogares viven aún sin electricidad estable. Este profundo contraste explica por qué menos del 12% de africanos tienen acceso real a la IA, según el experto en tecnologías y políticas digitales Folli Herbert Amouzougan, especialista togolés y observador crítico de la realidad tecnológica en África subsahariana.

En diálogo con Global Voices, Amouzougan señala que la verdadera limitación no son solo la conectividad o los datos, sino la carencia fundamental y a menudo ignorada de infraestructuras eléctricas adecuadas. Sin una red eléctrica eficiente que alcance al menos el 95% del territorio, confiar en la IA es construir una torre sin cimientos sólidos.

«El desfase entre los discursos políticos sobre IA y la realidad de las infraestructuras básicas en África subsahariana es inaceptable», afirma. «No podemos lograr avances tecnológicos en un país sin antes estabilizar y dotar de servicios energéticos a la población».

El problema energético es el primer obstáculo para acceder a cualquier herramienta de IA generativa: esta exige dispositivos cargados, conexión estable y en general una suscripción que conlleva costos. Sin electricidad no hay internet, no funcionan los enrutadores ni las antenas, ni se puede cargar un móvil.

Además, aunque la telefonía móvil se presenta como una historia de éxito en la región, navegar por Facebook con 3G dista mucho de poder usar modelos de lenguaje avanzados que requieren baja latencia y altas velocidades constantes. Estar «conectado» no equivale a estar «conectado para la IA».

Esta frontera, que Amouzougan considera más un filtro que una línea clara, demanda simultáneamente múltiples condiciones: calidad de la conexión (4G o superior, fibra óptica), estabilidad del enlace, velocidad alta, bajo retardo, buen hardware, comprensión idiomática del software y costo accesible por sesión. En este momento, calcula que menos del 12% de la población africana cumple con estos requisitos para usar la IA generativa a pleno rendimiento.

El factor lingüístico no es menor: una persona que hable un idioma minoritario como el guin, hablado en el sur de Togo, se queda fuera si los modelos no reconocen su lengua o su particular dialecto. Esto impide cualquier diálogo real con la máquina y acentúa la exclusión.

Ante cortes eléctricos frecuentes y costosa conectividad, han surgido soluciones alternativas como modelos de IA ligeros, uso offline o acceso mediante teléfonos básicos. Sin embargo, Amouzougan advierte que, aunque estas iniciativas pueden aportar beneficios en campos como la educación, agricultura o salud, si se convierten en la norma para quienes tienen menos recursos, se crea una IA empobrecida para una mayoría mientras la élite disfruta de capacidades completas.

En cuanto a responsabilidades, el experto denuncia que se reparten, generando una situación de bloqueo. Los gobiernos deben liderar la electrificación, regulación e institucionalización; los operadores de telecomunicaciones deberían invertir en ampliar la red y reducir las tarifas en mercados con poca competencia, como el caso de Togo, que cuenta sólo con dos operadores móviles.

Por su parte, las empresas tecnológicas tienen la misión de adaptar sus productos a la realidad local desarrollando modelos multilingües y colaborando con actores comunitarios que entiendan las necesidades reales, en lugar de cerrar acuerdos superficiales con gobiernos que sólo favorecen a minorías urbanas y extranjeras.

Finalmente, insiste en que los innovadores locales deben seguir creando soluciones inteligentes y ajustadas a las condiciones concretas, para superar estas barreras estructurales y lograr un acceso más inclusivo a la inteligencia artificial.

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