El conflicto iniciado el pasado 28 de febrero tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel en Irán alcanza ya tres semanas, marcadas por una escalada significativa en la violencia y las tensiones regionales y globales. Israel ha intensificado sus ataques dirigidos a la cúpula militar y política iraní, así como a infraestructuras esenciales del país, mientras Washington reclama apoyo internacional para asegurar el estrecho de Ormuz, un paso vital para el transporte mundial de energía.
Un incremento letal en las operaciones israelíes
El fin de semana marcó un punto decisivo con el ataque a la isla de Jark, clave para el transporte de crudo iraní en el Golfo Pérsico. Posteriormente, Israel abatió a figuras cruciales del régimen, entre ellas Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y Golamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij. Estos golpes mortales se suman a la eliminación de otros altos mandos como el ministro de Inteligencia Esmaeil Jatib. La muerte de Lariyani, considerado un posible negociador para un fin del conflicto, y la ofensiva sobre infraestructuras energéticas ha elevado la tensión a niveles extremos.
Tensiones regionales y repercusiones internacionales
Israel atacó el yacimiento gasífero South Pars, compartido con Qatar, provocando una rápida contraofensiva iraní que impactó instalaciones energéticas en Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí. Estas acciones han generado un clima de alerta en la región, con críticas severas de Qatar y Omán, y amenazas de respuesta militar por parte de Arabia Saudí. El conflicto ha llevado el precio del petróleo hasta los 114 dólares por barril y el gas natural se ha triplicado, exacerbando la inestabilidad económica global.
Discrepancias entre Estados Unidos e Israel
El atentado sobre South Pars desveló diferencias entre Estados Unidos e Israel, pues el presidente Donald Trump declaró no haber sido informado previamente del ataque de Tel Aviv, pidiendo a Netanyahu evitar operaciones unilaterales. Asimismo, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense subrayó que los objetivos de EE. UU. e Israel divergen, con Israel centrado en erradicar el liderazgo iraní y Washington orientado a reducir capacidades militares y controlar la Armada iraní.
EE.UU. busca aliados para controlar el estrecho de Ormuz
Con la prolongación del conflicto, Trump ha reclamado apoyo internacional para garantizar la seguridad en el estratégico paso de Ormuz, crucial para el suministro energético mundial, aunque los principales países europeos han mostrado reticencias, mientras naciones asiáticas como Japón y Corea del Sur han expresado alguna disposición. Esta situación ha agudizado las críticas norteamericanas hacia la OTAN, acusada de inacción, al punto que Trump calificó a sus aliados de “cobardes” y describió a la alianza como un “tigre de papel” sin la participación activa de EE.UU.
Perspectivas y próximos pasos en el conflicto
Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón han declarado su intención de contribuir a proteger el tránsito por Ormuz, aunque sin comprometerse a una operación naval inmediata, que prevén solo en el contexto de un cese del fuego. Paralelamente, el Pentágono prepara una financiación millonaria para sostener la ofensiva, con planes de desplegar más tropas, mientras Israel anticipa al menos tres semanas adicionales de ataques y no descarta una incursión terrestre.
El enfoque estratégico estadounidense ha evolucionado desde un objetivo inicial de derrocar a la República Islámica hacia un objetivo militar más circunscrito, relacionado con limitar la capacidad naval y militar iraní, mientras insiste en el riesgo nuclear que representa Irán. A pesar de la complejidad del escenario, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, asegura que la guerra se está ganando y rechaza la idea de un conflicto prolongado indefinidamente.
Así, el conflicto en Irán podría entrar en una fase más intensa y prolongada, con posibles operaciones terrestres y objetivos estratégicos como la costa del Golfo Pérsico y las instalaciones nucleares iraníes, mientras la comunidad internacional observa con creciente preocupación la inestabilidad en una región esencial para la seguridad energética global.