¿Quién protege las especies en peligro de extinción de Cuba?

La biodiversidad cubana enfrenta crecientes amenazas, pero científicos, comunidades y activistas luchan por conservar las especies en peligro de desaparición en la isla.

Cuba destaca por su increíble biodiversidad, siendo una de las islas más ricas del mundo en variedad de especies. Sin embargo, muchas de ellas se enfrentan a un futuro incierto debido a la pérdida de hábitats, el impacto humano y el cambio climático. A pesar de contar con esfuerzos por proteger a algunas especies, la conservación real enfrenta múltiples desafíos, desde limitaciones científicas hasta la falta de participación social efectiva.

Un ejemplo destacado es el manjuarí, un pez endémico de la Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, que desde 2020 está catalogado en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Científicos cubanos han desarrollado un criadero y alimentan a estas especies en cautividad para luego liberarlas, como parte de la lucha contra su extinción.

No obstante, esta situación no es aislada. Según el Proyecto para la Gestión Integrada del Agua, Tierras y Ecosistemas en Pequeños Estados Insulares del Caribe (IWECO), Cuba es una de las diez islas con mayor diversidad biológica, pero también alberga numerosas especies amenazadas que requieren atención urgente.

La bióloga y comunicadora ambiental Isbel Díaz Torres destaca el contraste entre la existencia formal de áreas protegidas y la realidad en el terreno. “Proteger en el papel no es conservar en la práctica. La conservación efectiva exige ciencia activa, monitoreo constante, infraestructura funcional, transparencia y participación ciudadana, elementos que hoy casi no se garantizan”, señala.

En 2019, un informe conjunto entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio cubano de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente reveló que en la isla hay 157 especies de vertebrados en estado de amenaza: 52 en peligro crítico, 42 en peligro y 63 vulnerables. Dentro de los invertebrados terrestres, los moluscos son los más amenazados, con 31 especies en peligro crítico.

La ciencia cubana enfrenta además un contexto complicado: la dependencia gubernamental, la crisis económica, la corrupción institucional y la fuga masiva de científicos, especialmente jóvenes, dificultan que la biodiversidad sea una prioridad real.

A pesar de ello, algunas iniciativas destacan por su contribución a la protección ambiental. En la península de Guanahacabibes, el proyecto MangRes, impulsado por la UNESCO, promueve la restauración de manglares mediante soluciones basadas en la naturaleza, combinando la recuperación de especies como el mangle rojo con la transmisión de conocimientos locales y educación ambiental.

Por su parte, desde hace una década el proyecto Manglar Vive ha enfocado sus esfuerzos en fortalecer la salud de los manglares en la costa de Mayabeque, especialmente en el Golfo de Batabanó. Gracias a reforestaciones y estudios sobre el impacto climático en esos ecosistemas, esta iniciativa ha consolidado una línea costera de 84 kilómetros entre Punta Sucia y Punta Mora.

En cuanto al manatí antillano, un estudio difundido en 2025 en el Journal of Marine Research subraya la amenaza constante que representa la actividad humana, incluso en zonas supuestamente protegidas. Sus autores abogan por una conservación integral que incluya la protección del hábitat, la reducción de amenazas, censos periódicos y educación ambiental para las comunidades locales.

Especies como las polymitas, caracoles endémicos de Cuba, son también el centro de proyectos de conservación internacionales. La Polymita sulphurosa, en particular, está altamente amenazada por su distribución extremadamente restringida, y cualquier desastre natural o humano podría aniquilarla. Organizaciones como The Rufford Foundation han trabajado en actualizar su distribución y número de individuos, además de fomentar la educación ambiental y proponer la creación de nuevas áreas protegidas basadas en esos datos.

La sociedad civil cubana suma esfuerzos para preservar la biodiversidad e impulsar la educación ambiental. Desde 2021, la red Nativa. Red de Microviveros se dedica a proteger la flora nativa de la isla, fomentando una relación cercana y emocional con las plantas entre niños y jóvenes, quienes aprenden a identificarlas y valorarlas como individuos.

Otro aporte significativo fue el trabajo de Guardabosques, organización activa entre 2007 y 2019, que promovió la reforestación, la transformación comunitaria y la denuncia de irregularidades ambientales. Actualmente, su proyecto continúa expandiéndose hacia Florida y América Latina para fortalecer el activismo ambiental en español.

Isbel Díaz subraya, sin embargo, que el activismo ambiental ha sido marginado y percibido como una amenaza en Cuba, lo que limita su desarrollo y alcance. “El activismo cumple una función clave en la supervisión, denuncia y monitoreo ambiental, especialmente cuando el Estado no se audita a sí mismo. Pero también la ciudadanía, campesinos y comunidades locales han sido excluidos. La conservación no puede imponerse desde arriba; sin participación social, incentivos ecológicos y educación crítica, cualquier política está condenada al fracaso.”

En definitiva, proteger la biodiversidad cubana requiere un esfuerzo conjunto que combine mecanismos científicos, acciones comunitarias y políticas inclusivas para que las especies en peligro no desaparezcan y el legado natural de la isla se mantenga para las futuras generaciones.

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