Estados Unidos se prepara para endurecer sus medidas contra China tras denunciar un presunto «robo a escala industrial» de propiedad intelectual vinculada a laboratorios de inteligencia artificial estadounidenses, según informó el Financial Times.
La controversia se intensificó a raíz del lanzamiento de DeepSeek, un modelo chino que OpenAI afirmó en enero que fue entrenado utilizando las salidas generadas por sus propios modelos, lo que constituye una vulneración de propiedad intelectual.
Desde entonces, varias empresas líderes en inteligencia artificial han acusado a competidores extranjeros de emplear una técnica denominada «destilación» para apropiarse de su propiedad intelectual. En enero, Google reveló que actores comerciales con motivaciones lucrativas, no limitados a China, habrían intentado replicar su chatbot Gemini realizando más de 100,000 interacciones para entrenar versiones fraudulentas y más económicas del modelo.
Un mes después, Anthropic acusó a las compañías chinas DeepSeek, Moonshot y MiniMax de generar más de 16 millones de intercambios fraudulentos con su asistente Claude, operando a través de aproximadamente 24,000 cuentas falsas. Además, OpenAI confirmó que la mayoría de los ataques detectados provenían mayoritariamente de China.
Estas prácticas de «destilación» representan, según Washington, una amenaza significativa que podría permitir a China acelerar su avance en la competencia global por la supremacía en inteligencia artificial. Un memorándum interno revisado por el Financial Times, firmado por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, advierte que «el gobierno de EE. UU. ha recibido información que indica que entidades extranjeras, principalmente radicadas en China, están involucradas en campañas deliberadas y masivas para destilar los sistemas de IA avanzada estadounidenses».
China, por su parte, ha rechazado con vehemencia estas acusaciones, calificándolas de «calumnias» y negando cualquier implicación en actividades ilegales relacionadas con la propiedad intelectual de inteligencia artificial.
Esta disputa refleja la creciente tensión entre ambos países por el liderazgo tecnológico en un sector clave para el futuro económico y estratégico mundial. La acusación estadounidense también podría derivar en nuevas barreras regulatorias y sanciones dirigidas a frenar el uso indebido de tecnologías avanzadas.
El contexto actual señala un entorno en el que las empresas y gobiernos de todo el mundo vigilan atentamente la protección de sus activos intelectuales en inteligencia artificial, conscientes del impacto que la innovación tecnológica tiene en la competitividad global y en la seguridad nacional.