La pugna mundial por dominar la inteligencia artificial (IA) se ha trasladado del terreno tecnológico y financiero al ámbito energético. SoftBank, a través de su filial SB Energy, junto con el Departamento de Energía de Estados Unidos, ha anunciado un ambicioso plan para desarrollar un centro de datos con una demanda potencial de 10 gigavatios (GW) en el condado de Pike, Ohio, respaldado por una infraestructura de generación eléctrica de 9,2 GW basada en gas natural.
Este proyecto, ubicado en el Portsmouth Site —un terreno federal históricamente ligado al enriquecimiento de uranio y sometido a procesos de descontaminación— no sólo busca multiplicar por diez la escala habitual de campus de IA, que suelen operar alrededor de 1 GW, sino que también pretende transformar a Ohio en un eje imprescindible dentro de la nueva cadena de valor digital-industrial norteamericana.
El planteamiento no es incremental, sino disruptivo: ante el crecimiento vertiginoso de la demanda eléctrica derivada de la computación avanzada, la estrategia se enfoca en garantizar un suministro continuo y fiable, un aspecto aún más crítico que la propia capacidad computacional o la disponibilidad de chips.
La elección del gas natural como tecnología principal para la generación no es casual. En 2024, este combustible sigue siendo la fuente predominante en la matriz eléctrica estadounidense (43%), y su capacidad para ofrecer potencia firme y flexible posiciona al proyecto como una solución realista ante los desafíos regulatorios y de integración que enfrentan las energías renovables.
La construcción de la infraestructura asociada también implica una inversión sustancial en transmisión eléctrica, con 4.200 millones de dólares destinados a mejorar la red a través de AEP Ohio. Este componente revela la dimensión del reto: integrar un consumo masivo de nueva generación en un sistema eléctrico ya tensionado y con limitaciones operativas, todo sin trasladar costes adicionales a los consumidores regionales.
El proyecto se enmarca dentro del acuerdo estratégico de inversión entre Washington y Tokio, que moviliza hasta 550.000 millones de dólares en sectores clave como energía, industria e infraestructuras tecnológicas. SoftBank aporta capital y experiencia industrial, mientras que Estados Unidos ofrece suelo estratégico y respaldo político, reflejando la importancia geopolítica que ha adquirido la seguridad energética para la hegemonía digital.
A pesar de la ambición, el plan enfrenta importantes obstáculos. La obtención de permisos ambientales, la financiación completa y la aceptación social en áreas que aún arrastran su pasado nuclear son variables que podrían ralentizar o incluso poner en riesgo la ejecución.
Este megaproyecto en Ohio marca un precedente: la capacidad para liderar la IA ya dependerá tan decisivamente de megavatios disponibles y garantizados como de chips y algoritmos. La carrera tecnológica del futuro, por tanto, se disputará tanto en subestaciones eléctricas como en centros de procesamiento de datos, colocando la energía como el factor crítico para mantener competitividad en la nueva economía digital.